El Sabinar de Tamajón
En una era remota, tan antigua que apenas podemos imaginarla… Existió un clima exuberante, casi tropical, en el que las olas del mar alcanzaban los confines de lo que hoy es Tamajón, y los torrentes que descendían de nuestras montañas arrastraban consigo fragmentos de cuarcita, dando forma a lo que más tarde se convertiría en el Valle del Jarama.
A lo largo de innumerables cambios geológicos, el paisaje, la vegetación, y el clima que ahora observamos fueron tomando forma. Así, después de eones de transformaciones, contemplamos el entorno que nos rodea en la actualidad, fruto de una evolución lenta pero constante.
En los alrededores de Tamajón se levanta un antiguo sabinar entre formaciones rocosas de caliza, cuyas figuras caprichosas evocan las marcas dejadas por las aguas en tiempos ancestrales.
El sabinar es testigo de la fortaleza y resistencia de este árbol ante las adversidades climáticas, desde el frío más intenso hasta el calor abrasador, subsistiendo incluso en suelos escasos, siempre que reciba luz sin obstáculos de otros árboles.
Explorar lo que también se conoce como la «Ciudad Encantada de Tamajón» es sumergirse en un viaje al pasado. Con un poco de imaginación, podemos trasladarnos a momentos en que las rocas y los lapiaces nos sugieren la presencia de una playa poco profunda, mientras que, con suerte, podemos descubrir restos de fósiles marinos.
Aunque las lluvias sean escasas, el agua se filtra gradualmente a través de dolinas y corredores, evidenciados por la vegetación exuberante que los rodea, donde sabinas gigantes se cubren de musgo y líquenes. Y bajo tierra, un río emerge con fuerza desde las profundidades de la montaña.
Este hermoso paraje alberga un complejo sistema kárstico, con un laberinto de cuevas, simas y dolinas por donde discurren arroyos subterráneos bajo nuestros pies.
Lo que presenciamos hoy en Tamajón es un bosque mixto, donde encinas, enebros y sabinas centenarias comparten el escenario. A medida que el suelo se enriquece, otras especies arbóreas van tomando el relevo de las sabinas, siendo las encinas las más prolíficas en esta sucesión. El Sabinar de Tamajón, podríamos afirmar, está en constante metamorfosis, adaptándose conforme otros árboles ocupan su lugar.